La mayor goleada clásica

A continuación, el recuerdo para una de las grandes gestas deportivas de la historia del Club Nacional de Football, gesta que cumple 75 años.

Miércoles, 14 Diciembre 2016
La mayor goleada clásica
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Equipo_Principal_de_aquel_partido
Equipo_Reserva
Tabla_Final_Uruguayo_1941

En diciembre de 1941, Uruguay, como el resto del mundo, estaba pendiente de los avatares de la Segunda Guerra Mundial. La base norteamericana de Pearl Harbor había sido atacada por los japoneses el domingo 7, mientras que los alemanes se replegaban ante el avance soviético en Mariupol. Irán anunciaba la conformación de un nuevo gabinete y Buenos Aires la aplicación de nuevas disposiciones municipales que prohibían a los automovilistas el uso de bocinas “y de otros elementos productores de sonidos” entre las 22 y las 7 horas. El servicio de ferrocarril eléctrico entre México y Veracruz se reinstalaba el 9 de diciembre, luego de una paralización de 36 horas producto de una huelga. En Moscú, el maestro Aleksandr Kotov defendía su título de campeón de ajedrez en la capital de los Soviets, amenazado por Vladimir Petrov.

En medio de esta muestra de cambalache del Siglo XX, Nacional y Peñarol se aprontaban a disputar un nuevo clásico del fútbol uruguayo, el domingo 14 de diciembre. Nacional llegaba a este partido invicto, sin puntos perdidos, con 73 goles a favor y 22 en contra, primero en la tabla con 38 puntos, seguido de Peñarol -con un partido menos jugado-, 9 unidades por detrás de los tricolores, producto de 14 victorias, 3 derrotas y un empate. Los dirigidos por Héctor “Manco” Castro eran en ese momento los tri-campeones uruguayos y contaban con la delantera más poderosa de la nueva década. A pesar de esto, Nacional no era el gran favorito de algún sector de la prensa. Quizás por aquello de que “clásicos son clásicos”, el diario “El Diario” en su análisis del partido previo de los tricolores, que culminó con triunfo de Nacional sobre Wanderers por 3 a 2, señalaba que los albos habían visto agudizadas “deficiencias señaladas en anteriores presentaciones de Nacional”, haciendo referencia a cierta “dificultad” para “abatir la resistencia de Wanderers”. La crónica del lunes 8, reconocía el buen desempeño de las individualidades en la delantera tricolor, a pesar de que sentenciaba que “Atilio García no gustó”.

El cronista de “El Diario”, DON LEE, ponía un manto de duda sobre el resultado clásico, siendo muy crítico con el desempeño de la defensa alba y marcando un alerta, asegurando que “Nacional ha creado entre sus allegados cierta sensación de incomodidad” y agregando que “ello no puede en forma alguna ser disimulado. Ni debe serlo así tampoco y menos aún ante la inminencia de una nueva instancia de ese siempre importante y significativo enfrentamiento entre los dos viejos rivales de nuestro fútbol. Y ello es lo que no puede dejar de preocupar a los allegados a la popular y prestigiosa institución”.

El mismo diario elogiaba con cierta cautela a los aurinegros, que habían conseguido una abultada victoria sobre River Plate el día anterior, aunque marcaba que “si nos dejáramos llevar por lo que él puede significar, objetivamente considerado, podríamos llegar a la conformación de una resultancia que sería errónea: la de que Peñarol reaccionó en forma vigorosa y que su performance supo de muchos lineamientos interesantes”. En el análisis del partido, el periodista destaca la participación del zaguero de Peñarol Joaquín Bermúdez, de quien dice que “durante toda la temporada, y en caso todos los partidos, con una regularidad en verdad magnífica ha significado siempre uno de los más firmes baluartes”

Así las cosas entonces, podríamos aventurar que nadie esperaba el resultado que se terminó dando.

En una tarde extremadamente calurosa, los dos rivales clásicos salieron a la cancha con sus formaciones habituales. Nacional alineó a: Aníbal Paz; Héctor Romero, Dándalo Rodríguez Candales; Luis A. Pérez Luz, Eugenio Galvalissi, Schubert Gambetta; Luis Ernesto Castro, José Fabrini, Atilio García, Roberto Porta, Bibiano Zapirain.

Por su parte, Peñarol formó con: Roque Gastón Máspoli; Joaquín Bermúdez, Agenor Muniz; Raúl Rodríguez, H. García, D. Piñero; Domingo Gelpi, Jose A. Vázquez, U. Cruche, Severino Varela, A. Núñez. El arbitraje estuvo a cargo de Aníbal Tejada y en las líneas actuaron Juan Carlos Armental y Luis A. Magliocca.
En el partido preliminar los tricolores ingresaron con: Francisco Barbotto; Alejandro Morales, Juan R. Cabrera; Raymundo Andreolo, Rodolfo Pini, Carlos Bartibás; Luis Volpi, Aníbal Ciocca, Eusebio Urruzmendi, Conrado Paech, Enrique Castro. Mientras tanto Peñarol lo hizo con: Emilio Peduto; Agustín Prado, Gerardo Spósito; Gumersindo Puentes, Adolfo Rodríguez, Leofar Cámera; José Mª Ortiz, Samuel Hidalgo, Walter Clavarés, Lorenzo J. Pino, Juan J. García.

El mismo equipo periodístico que una semana antes había observado ciertas falencias en el, ya en ese entonces virtual campeón uruguayo, observó en el análisis previo al partido que “dentro de la lógica, basta la enunciación del cotejo para percatarse que el líder habrá de imponerse bien; su ofensiva ha sido el espectáculo más brillante de la temporada y la comprobación la da, repetimos, su distanciamiento en la tabla y ese invicto que gallardamente ha paseado por los fields de este campeonato; no hay por qué suponer que ese “five” no produzca, cuando se habrá de esmerar, consecuentemente con su fama y se descuenta que la defensa volverá a ser el discreto complemento a tanta belleza y efectividad futbolísticas”.

Si bien el texto anterior, escrito la noche previa al partido, guarda marcadas diferencias con el análisis de otro cronista del mismo medio que citamos anteriormente, ninguno vaticinaba una goleada. Y menos una como la que se produjo esa tarde del 14 de diciembre de 1941. Una semana antes, en el Parque Hotel, la Directiva del Club Nacional de Football había organizado una fiesta en honor a los jugadores, ya consagrados campeones de esa temporada, obteniendo incluso la Copa Uruguaya en propiedad. Seguramente ninguno de los asistentes auguraba el resultado final de esa tarde clásica, que sumó a la goleada del equipo de Primera División, la del de Segunda, convirtiendo al 14 de diciembre de 1941 en “La tarde del 10 a 0”.

Con ese partido, Nacional alcanzaba su trigésima victoria sucesiva por el Campeonato Uruguayo, que con las dos de las primeras fechas del campeonato siguiente, habrían de marcar el récord aún inigualado de 32 partidos ganados en forma consecutiva en la competencia oficial, además de llegar al sexto triunfo clásico de un historial que se iba a estirar a diez, hazaña tampoco superada.

Es cierto que con el tiempo las cosas adquieren otra dimensión, una visión distinta y muchas veces magnificada del mismo hecho. Pero es casi imposible darle una pátina de mayor destaque a esta goleada, por más tiempo que haya transcurrido. Es más, posiblemente hasta haya perdido algo de significancia y hoy, a 75 años de aquella jornada, no logremos -la afición deportiva en general, no así el fanático, más propenso a valorar los éxitos- dimensionar la importancia de aquel resultado. Porque la vieja “Reserva” tenía un prestigio y una distinción que hoy no logramos imaginar.
La mejor manera de evocar ese episodio es a través de los titulares de la época:

“La lógica, al servicio de Nacional, en una infeliz jornada de Peñarol, dejó huellas excepcionales en el extenso historial de su relación”, El Diario
“Nacional finalizó invicto su campaña; hoy derrotó a Peñarol”, El Plata
“También la Reserva de Nacional se clasificó campeón al batir a Peñarol por cuatro tantos a cero”, El País
“El campeón cerró con brillo un año que será histórico”, El País
“La superioridad prevista para los albos, tuvo auténtica traducción”, El Diario
“El ganador planteó un juego reposado y penetrante que le dio la rotunda victoria; grandes figuras”, El País

Seis goleadores tuvo esa tarde seguramente inolvidable para los sesenta mil asistentes. Eusebio Urruzmendi repitió por cuatro en el partido de Reserva, a los 34´, 46´, 67´y 82 minutos, mientras que en el de fondo abrió el marcador Bibiano Zapirain a los 16´. A los 34´aumentó Atilio García y siete minutos después, el rosarino Fabrini cerró la cosecha del primer tiempo. Atilio reanudó el camino 26´del segundo período, Luis E. Castro puso el suyo a los 31´ y Roberto Porta lo liquidó a dos minutos del final. Cuentan que en el último instante, Castro elevó una pelota sobre Máspoli y giró pronto para gritar el séptimo, que no fue por milímetros.

José Mª Delgado, histórico presidente de Nacional y que ganara, precisamente en ese año el Premio Nacional de Literatura fue uno de los asistentes a ese partido, al que inmortalizó con una crónica digna de él, que trascribimos:

“Por fin, señores, llegó la hora solemne, el primer equipo de Nacional pisó el campo de juego ante el saludo atronador de sus miles de parciales. Nadie, señores, dudaba de su triunfo, la incógnita estaba en el resultado final. La formación del team de Nacional no ofrecía modificaciones. Los once campeones que junto a Ciocca el magnífico y a Cabrera el pequeño gigante, realizaron la hazaña estupenda, asombro de toda la afición deportiva, de vencer al rival de toda la vida por el inigualado score de seis a cero, son nuestros homenajeados de honor y para ellos, señores, el aplauso consagratorio, el aplauso de gratitud y reconocimiento en forma definitiva la gloriosa e inigualada campaña de 1941. Yo no sé señores, cuál habrá sido vuestra impresión, pero perdonad mi fantasía, alucinación o como queráis llamarle, en ese momento me pareció ver que ese shot fulminante, dentro del arco, no sólo la pelota, sino a todo el team adversario.

Quedando solos sobre la gramilla del estadio los once campeones de Nacional y que la Torre de los Homenajes se inclinaba reverente ante ese equipo que acaba de realizar la más grande hazaña que registra la historia del football uruguayo. No voy a entrar en detalles de ese partido inolvidable, porque necesitaríamos días enteros para su completa descripción, sólo voy a recordar que estábamos en las postrimerías del partido, el score resultaba ya catastrófico para nuestros rivales. En las tribunas, había comenzado hacia rato el lento desfilar de muchos espectadores hacia las puertas de salida; unos mustios, cabizbajo, musitando palabras entrecortadas de resignación y tal vez de reconocimiento a una superioridad que no admitía dudas; otros sudorosos, congestionados vociferando epítetos contra dirigentes y jugadores, cuando en verdad de verdades, hay que reconocer y declarar a todos los vientos que los jugadores de Peñarol, demostraron verdadero espíritu deportivo, al aceptar la victoriosa superioridad de Nacional, sin un arrebato, sin una brutalidad que indudablemente hubiese empañado esa magnífica fiesta.

En el otro sector, las multitudes adictas al equipo campeón, semiagotadas su fuerzas ante tantas emociones y enronquecidas sus gargantas de tanto festejar las sucesivas conquistas de los suyos y el despliegue de armoniosas jugadas que se sucedían unas tras otras, pañuelo en mano, saludaban sonrientes a aquellos que desfilaban a la vez que se daban una tregua para la explosión final.

Todo parecía terminado, pero ese final del partido era a la vez el final del duro bregar de todo el año y para cerrar el expediente era necesaria rúbrica del director, del capitán. En el cielo se iba amortiguando la luz, que insensiblemente cambiaba de colores, el azul celeste se fundía en un rosa suave, en resplandores de oro en los que el sol, se escondía. Por el centro del campo, se inicia el centésimo avance de nuestro quinteto, la pelota va de los pies de uno a otro de nuestros defensores, hasta que se oye claramente la voz de mando del capitán: ¡mía! gritó, y la rúbrica de que hablaba hace un momento cerraba,

Señores: Seguro estoy de que el espectáculo de esa tarde memorable del 14 de diciembre de 1941, no se borrará más de la retina de los que tuvimos la dicha de presenciarlo."

Ernesto Flores
Comisión de Historia y Estadística

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